Augusto Zelaya Úbeda

Robar… abusar… ¿nuevos valores?

Hace unas semanas asistí a una celebración familiar de un amigo entrañable con nexos cercanos al orteguismo: ya al calor de los… minutos después de las 10:00 p.m. oí una discusión entre jóvenes que me dejó helado…… Uno de los asistentes, amigo de los hijos del homenajeado se pavoneaba de la nueva situación económica de su padre, funcionario de nivel en el Poder Judicial: carros de lujo para todos, casa lujosa en Managua y otra en la playa, apartamento en el exterior, viajes, ropa, licores, etc. Algunos de sus amigos de colegio, por la confianza que tienen con él le achacaban el origen tortuoso de esos bienes salidos de negocios no muy legales. El “nuevo rico” ni se inmutaba; al contrario, estaba orgulloso de los “logros” de su padre. Y no paró ahí el asunto. Como justificación señaló que otros jóvenes “hijos de nuevos ricos” manejan negocios de increíble, fácil y enorme rentabilidad. Precisó el nombre de otro funcionario cuyos hijos manejan, uno, un negocio de carros usados de dudoso origen; otro, más avispado y mayor, mantiene una red de influencia sobre jueces, juzgados, abogados y secretarios de juzgados que le reporta pingües dividendos; y el menor de los aventajados “nuevos empresarios”, se estaba iniciando en un negocio de comunicaciones, con menos “color” que el que manejaban sus dos hermanos mayores.

El asedio de los amigos que criticaban aquella conducta no molestaba al aludido; más bien señaló que, como él, varios hijos de diputados, magistrados, ministros y gente del poder político hacían lo mismo. Y se mostraba ufano de sus logros… él era de los mejores… algunos estaban en la reunión y los señalaba con desparpajo. No había sonrojos, ni vergüenza por lo que hacen sus padres… Al final… el argumento impactante que justifica lo increíble: “¡Idiay… y no era “pior” con los Somoza…!”.

Me acordé de mi cuento de la Chancha Fea…. Se deben arrear varias chanchas feas para que mi Chancha Fea no se note. Si todos somos chanchas feas… Si todos somos ladrones… todo normal. Y repasé el poema “Cómo te digo, Sandino”.

Hace unas semanas el doctor Humberto Belli escribió sobre los valores. Pero el doctor Belli se refería a otras cosas, no a lo que era “pior” con Somoza. Yo entiendo por valores respeto a los mayores, a los símbolos patrios, a la palabra empeñada, a la honestidad, al cumplimiento del trabajo honrado, al estudio, a los maestros que respetan a los alumnos y no los manipulan. El término se refiere a “lo que se llama bueno” (Hobbes); y los estoicos se referían a lo ético, a la moral, a lo digno, a lo virtuoso.

Yo no sé qué fuerza maligna ha hecho cambiar a los jueces que se vuelven sordos; a los investigadores de la Policía que se transforman en mudos y ciegos. Tampoco imagino qué fuerza maligna hizo que enviaran a casi niñas, tal vez de la Escuela de Policía, a recibir el bautizo de formar una valla contra la Ley y tratar de detener una manifestación que tenía permiso. Yo no sé qué fuerza diabólica hizo que, antes del enfrentamiento, una policía ya mayor, a quien le ofrecí un refresco y le manifesté mi pesar por lo que estaba sucediendo me dijo con ojos de odio: “Aléjate que me vas a pasar una enfermedad”. Yo, calmo, solo le contesté: “Señora: yo no estoy enfermo; a usted la han enfermado de orteguitis deformante, en grado de antibacteriacivilis”. Lo enredado del término finalizó la reacción de la distinguida policía.

A la 1:00 p.m. vi desfilar a cientos de jovencitos, más jóvenes que las policías de la valla. Iban frente a Enel Central, con banderas del FSLN. Niños que recibían de sus maestros una práctica lección de antivalores. Más adelante se unieron a cientos de alumnos y empleados públicos. Todos “espontáneamente” citados por delegados políticos. Maestros y alumnos en una grotesca antítesis axiológica, una cruel expresión de fuerza y brutalidad que no tiene en cuenta la máxima bíblica que indica la gravedad de escandalizar con los niños.

Sócrates… tu belleza… tu renuente belleza, más cerca del bien y opuesta al mal… Platón… tú que asegurabas que valores son los que dan “verdad” a los actos de los hombres… ¿Dónde estamos…?

Y resuena en mis oídos el poema…

“..Cómo te digo, Sandino,

que no hay tal educación,

que la salud es un mito y la honradez… ilusión…

Finos Rectores, Decanos participan del poder…

Y los valores se pierden; y nadie puede saber

cómo pudiste, Sandino, dejarnos así caer!!!

COMENTARIOS

  1. fultp
    Hace 15 años

    «No se le pueden pedir Peras al Olmo»; asi mismo no podemos pedir que rtesplandezcan los valores en Nicaragua si desde hace varias decadas, hemos aceptado que personas de dudosa reputacion; acisados de ladornes. violadores y de corruptos sean elegidos en cargos de nuestro Gobierno, mas aun que hayan sido elkegidos como Presidentes de la Republica.
    Desgraciadamente aca se cumple la frase: » Los pueblos tienen el gobierno que merecen».

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